• 21 OCT 16
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    Paciencia en la Terapia

    Paciencia en la Terapia

    Cuando la gente acude al psicólogo es porque hay una urgencia por sentirse bien, llegan deseando que les quitemos esa angustia que les está ahogando y por ello al principio parece no haber espacio para la paciencia en la terapia.

    Recuerdo un/a paciente que en la tercera sesión me dijo “Laura, todo lo que me dices me parece genial, creo que me puedes ayudar mucho, pero por favor quitame esto ya, no puedo más“. Este ejemplo es muy explicito, y hay otros menos explícitos, y no por ello dejan de tener el mismo denominador común; la necesidad de la persona de dejar de sufrir.

    En otras ocasiones los/as pacientes quieren ver los cambios rápidamente, y esto no solo no es posible, sino que además puede ser desaconsejable, pues en psicología preferimos los cambios lentos y estables a los rápidos e inestables.

    A veces durante la terapia el paciente puede ver que ha avanzado mucho durante un periodo y nota una reducción del síntoma, y puede, o bien abandonar la terapia o bien mostrarse impaciente porque quiere mantener la fluidez de los cambios.

    En ocasiones tenemos una alta exigencia sobre lo que debe o no debe pasar en el proceso terapéutico, y cuando esto no se corresponde con la experiencia aparece un gran sentimiento de frustración, lo cual es contraproducente. La terapia es un espacia en los que las exigencias, los deberías, los tendrías que…. se van poco a poco dejando de lado, e introduciendo poco a poco las frases en gerundio.

    Estos ejemplos también son variantes de la imposibilidad de la mayoría de los pacientes a tener paciencia en la terapia.

    Paciencia en la terapiaYo entiendo a todas estas personas, pues sé que están sufriendo profundamente, es más, cuando yo  era una terapeuta novel, me pasó, yo era impaciente en mis terapias, quería quitarles el dolor de la noche a la mañana, quería cambios rápidos, hasta que me dí cuenta que eso más que ayudar dificultaba la mejoría de mis pacientes. Los psicólogos no tenemos una barita mágica que resuelva los problemas, pero lo que sí tenemos es la habilidad de ayudaros a desarrollar paciencia en la terapia manteniendo la motivación para el cambio y así finalmente superar el dolor, el sufrimiento con el que, desgraciadamente habéis tenido que convivir.

    Un proverbio que ha ayudado mucho con mis pacientes y con mi práctica clínica es este:

    LA PACIENCIA ES UN ÁRBOL DE RAÍCES AMARGAS Y FRUTOS DULCES. 

    La terapia es un camino duro pero bonito, partimos de unas raíces amargas (el dolor) pasamos por un tronco robusto duro y áspero (el proceso terapéutico) vamos viendo la luz, disfrutando del aire (las ramas y las hojas) hasta por fin llegar a nuestras metas, el bien estar (los frutos dulces).

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