• 09 MAR 17
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    TESTIMONIO: Paciente con TEP

    TESTIMONIO: Paciente con TEP

    A veces cuando deseas mucho las cosas, aparecen, hace un año quería que llegara a mi consulta un caso de Estrés Post Traumático (TEP) y  apareció.

    Durante el año que hemos estado trabjaando juntas hemos aprendido tantas cosas la una de la otra que para expresarlas tendríamos que escribir una tesis.

    Hoy estoy con una PENA CONTENTA pues le he dado el alta, ya no tiene flash-backs, ni pesadillas, ni labilidad abrupta de emociones de todo tipo, ya no se siente en peligro, ni está hipervigilante, ahora vive en el presente, y no en el pasado.

    No siempre fue fácil para estar en terapia, y por eso ha querido compartir con vosotras/os su experiencia.

    Vivencia de mi terapia

    Una de las cosas más importantes que me llevo de este año de terapia es que se me está permitido sentir cualquier cosa. Al final del día, no le tengo que rendir cuentas de mis sentimientos a nadie, ni si quiera a mí misma; mis sentimientos son libres y no puedo juzgarlos, sino escucharlos e intentar descubrir qué necesito para sentirme mejor.

    Me llevo unas técnicas muy valiosas para relajarme: mi lugar seguro, mi haz de luz y la respiración.

    Desde que empecé la terapia, tuve muchos momentos de depresión y ansiedad y ciertas frases se repetían en mi cabeza sin parar. Cosas como por ejemplo “no puedo”, “este sentimiento y esta angustia nunca me van a dejar”, “jamás voy a dejar de sentirme así”, “¿cuándo van a dejar de ocurrirme estos episodios?”, “¿cuándo tendré el próximo ataque de pánico?”, “¿cuándo podré liberarme?”, “no puedo ir a ese sitio/hacer esta actividad”, “algo malo me va a pasar”, etc.

    A veces, después de la terapia (especialmente al día siguiente o a los dos días de la sesión), comenzaba a sentir mi respiración agitada, se me hacía un nudo en el estómago y comenzaba a llorar sin ningún motivo aparente.

    Ha habido muchas veces que he perdido el control absolutamente y no he sabido cómo rescatarlo. He necesitado huir y me he sentido pequeña y vulnerable.

    La mayoría de las veces, me daba cuenta de cuál había podido ser el desencadenante, otras veces no. Había veces que conseguía calmarme en relativamente poco tiempo y otras veces tardaba dos horas en poder dejar de llorar.

    Lo que he aprendido es que, tras esos momentos difíciles, siempre tengo la oportunidad de aprender algo de mí misma; ¿qué ha pasado para que me pusiese así?, ¿qué me ha hecho sentir y qué puedo hacer para sentirme mejor? Ahora sé que tengo que ocuparme de mí para poder sentirme mejor.

    He aprendido tantas cosas sobre mí que no sé por dónde empezar.

    Siempre me he dicho que lo que ha pasado es porque tenía que pasar, que solamente había una salida en ese camino. Sin embargo, dentro de mí, tenía un gran sentimiento de culpa por haber elegido ESE camino, por haber hecho esto y no lo otro, por haber dicho eso en vez de callar…

    Hoy en día, me siento muy agradecida por todas las cosas que he hecho en mi vida, tanto de las decisiones acertadas como de las menos acertadas. Esto no quiere decir que me sienta orgullosa de todo lo que he hecho o dicho, pero ahora soy consciente (y tengo que resaltar esto) de que hice lo mejor que pude con el conocimiento y las herramientas que yo tenía en ese momento en mi vida.

     

     

    He vivido con mucho, mucho miedo, sobre todo desde que empecé la terapia, a recaer, a sentirme tan triste y deprimida que no me apetece hacer absolutamente nada, a no poder ver la luz al final del camino, a no poder decidirme por ayudarme a mí misma.

    También he sentido mucho, mucho miedo, pánico a quedarme sola, a que cosas horribles le pasasen a la gente a la que quiero, cosas que podía ver si cerraba los ojos.

    Hoy puedo decir que ese miedo ya no lo siento, pero no porque sepa que no volveré a sentirme deprimida, sino porque sé que cuando me sienta triste y decaída (que es algo que seguramente me pase más de una vez en el futuro), sabré qué hacer. Sabré pedir ayuda como lo hice una vez y sabré que es algo pasajero, que podré volver a la superficie y, sobretodo, que estoy a salvo y que tengo confianza en mí misma.

    Hoy soy feliz, y eso es todo lo que me importa. El pasado ya pasó, el futuro ya vendrá. Voy a dar lo mejor de mí misma, porque sé que puedo hacer cualquier cosa que me proponga. Si fallo o no, eso es otro tema, pero al menos lo habré intentado.

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